Turquía y Erdogan: ¿surgimiento y caída?

erdogan-1Por Immanuel Wallerstein, La Jornada/PIA.- Turquía está gobernada ahora   por el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP, por sus siglas en turco). El AKP fue cofundado en 2001 por Recep Tayyip Erdogan. En 2003 se convirtió en primer ministro y fungió en el cargo hasta 2014, cuando asumió su puesto como el decimosegundo presidente de Turquía.

Durante los pasados 15 años los relatos de Turquía, Erdogan y el AKP estuvieron estrechamente ligados. Es sorprendente que todos fortalecieron su posición de todas las maneras posibles durante los primeros 10 de aquellos 15 años previos. Luego todo se fue volviendo difícil, lo que culminó con un intento de golpe de Estado que comenzó la noche del 15 de julio de 2016. Pese a que el golpe fue aplastado en dos días, no queda claro si Turquía, el AKP y Erdogan fueron capaces de refrenar sus crecientes dificultades.

Para entender qué es lo que ha surgido y caído necesitamos considerar primero la situación de Turquía en 2001. Turquía se había convertido en república en 1923, con Mustafá Kemal (Atatürk) como primer presidente. Él era líder de un grupo militar que buscaba reemplazar al decadente Imperio Otomano con una república moderna.

El régimen de Atatürk abolió el papel militar del gobierno del sultán y el papel religioso del califa. En los años subsecuentes cambió el alfabeto –del árabe al latino– y prohibió el uso del fez, que consideró símbolo del viejo régimen. Le concedió derechos políticos a las mujeres y proclamó su igualdad con los hombres. Cerró instituciones religiosas. En resumen, secularizó el país.

Hasta 1946 Turquía fue gobernada por un partido único, el Republicano del Pueblo (CHP, por sus siglas en turco). Atatürk, fundador del CHP, murió en 1938. En 1946 su sucesor como presidente y líder del CHP, Ismet Inönü, permitió elecciones multipartidistas. Después de eso el gobierno turco alternó entre el CHP (considerado de centroizquierda o socialdemócrata) y el partido de derecha, el Partido de Acción Nacionalista (MHP). Durante este periodo hubo repetidos intentos de establecer un partido musulmán o islamista. Siempre que un partido así parecía crecer en fuerza, las fuerzas armadas lanzaban (o amenazaban con lanzar) un golpe, buscando defender el laicismo contra los partidos islamistas.

Por tanto, fue un gran choque para las fuerzas armadas, el CHP y el MHP que el nuevo partido islamista de Erdogan, el AKP, ganara por abrumadora mayoría las elecciones de 2002. Sin embargo, el gobierno del AKP no se sentía muy fuerte. Temían un golpe. El único respaldo práctico en este momento vino de otro grupo islámico, encabezado por Fethullah Gülen, teólogo que residía en Estados Unidos. Este grupo no tenía nombre, pero con frecuencia lo llamaban Cemaat (comunidad).

En 2002 la economía turca estaba en condición alarmante, con el PIB y el PIB per capita muy bajos y con una alta tasa de inflación. Las relaciones de Turquía con los países árabes estaban sobrecargadas, con poderosos sentimientos anti-turcos derivados de la previa sumisión del mundo árabe hacia el Imperio Otomano. Aunque Turquía era miembro de la OTAN, sus intentos por sumarse a la Unión Europea enfrentaron gran resistencia debido a los temores de la UE ante que migrantes musulmanes llegaran a países de la Unión Europea. Y no es menor el hecho de que Turquía estaba muy baja en la lista de prioridades de Estados Unidos.

Cuando el AKP asumió el poder, Erdogan no podía ser nombrado a cargo alguno por una convicción previa que incluía su exclusión de la vida política. Abdullah Gül se volvió primer ministro y revocó la exclusión permitiendo que Erdogan fuera primer ministro en 2003.

Bajo la conducción de Erdogan el AKP tuvo muchos logros y transformó la situación de Turquía durante su primera década en el poder. Mediante designaciones juiciosas de miembros de fuerzas armadas debilitadas pareció retirarse la amenaza de un golpe. El AKP ganó de nuevo en 2007 y 2012 e hizo que la economía de Turquía floreciera y pudo así liquidar sus deudas con el FMI. Utilizó nuevos recursos para mejorar las condiciones sociales y económicas al interior del país, notablemente en los servicios de salud y educación. Buscó nuevos modos de remontar las añejas divisiones etno-nacionales con los kurdos y los armenios. Reingresó en la política de Medio Oriente como amiga de todos, pese a mantenerse como amiga de Israel. Reabrió negociaciones con la Unión Europea para una futura entrada. Y alivió los constreñimientos a la práctica islámica sin alarmar a los grupos laicos. Turquía se volvió entonces el modelo de movimiento islamista en el poder.

De repente todo pareció derrumbarse. La economía comenzó a ir cuesta abajo. Como en todas las otras llamadas economías emergentes, Turquía comenzó a vender menos en el mercado mundial y a precios reducidos. El bienestar económico de los ciudadanos turcos decayó. El gesto magnificente de Erdogan de abrir negociaciones con los militantes kurdos, incluida la posible liberación de su líder Abdullah Öcalan, llegó a su fin. Erdogan retornó a la vieja política de la represión. Los gestos simbólicos hacia los armenios también se revocaron. La UE pareció cerrar las discusiones relativas a una posible entrada de Turquía.

Turquía dejó de ser la amiga de todos en el mundo árabe. En cambio, entró en una ilimitada disputa con el régimen de Bashar al Assad de Siria. Desafió la prohibición de Israel de entregar en directo ayuda a la franja de Gaza. La respuesta de Israel condujo a múltiples muertes de turcos y Turquía cortó lazos diplomáticos. Se puso furiosa con Estados Unidos por respaldar el golpe militar contra Mohamed Morsi, cuyo régimen, a ojos del régimen turco, era su equivalente. Turquía escamoteó luchar contra el Isis, considerando más urgente la acción contra Al Assad y el movimiento kurdo.

Al mismo tiempo, la alianza con el movimiento de Gülen terminó. En la superficie, parecía haber muy poca diferencia entre los objetivos del AKP y Gülen. De hecho, las diferencias eran profundas. Gülen profesaba la política de infiltrar todas las instituciones. Estaba preparado para pretender que no se requería conservadurismo social islamista. Sus miembros se vestían al estilo occidental. Su objetivo de largo plazo, sin embargo, era ser proclamado el imam oculto, el Mahdi o mesías. El objetivo de largo plazo de Erdogan era ser proclamado la encarnación del nacionalismo turco, esencialmente una política más laica.

Cuando Erdogan afirma que Gülen tramó por largo tiempo un golpe, sus argumentos parecen plausibles. Es por esta razón que todos los partidos de oposición –el CHP, el MHP y el HDP (partido de izquierda con fuerte base social en las áreas kurdas)– salieron a las calles a oponerse al golpe. Sin embargo, cuando el CHP y el HDP, más algunos comentaristas en Turquía y en otras partes dicen que Erdogan estaba listo para usar la excusa del golpe para purgar el país de cualquier oponente posible, también parecen plausibles estos argumentos. En particular, se considera que su propuesta de cambiar la Constitución para crear unapresidencia ejecutiva se encamina a una dictadura.

Pese al increíblemente vasto número de personas arrestadas, ¿son realmente fuertes hoy Erdogan y el AKP? Cuentan con dos poderosas armas al lidiar con Estados Unidos y la UE. Estados Unidos necesita la cooperación de Turquía si es que va a combatir al Isis con efectividad. Y la UE necesita la cooperación de Turquía para refrenar el flujo de migrantes sirios (y otros) a Europa. Pero estas fortalezas son ilusorias. Parece poco probable que Turquía refrene el burbujeo de una oposición interna, lo que podría conducir al colapso total del régimen. Si eso ocurre, nadie sabe lo que podría ocurrir.

Turquía, el AKP y Erdogan se elevaron espectacularmente al emprender una política penetrante en un contexto mundial favorable, del cual sacaron ventaja. Pero Erdogan tal vez se excedió en su reacción al golpe en un contexto mundial que ya no le es favorable, lo que lo llevó a actos represivos que pueden tener consecuencias negativas para el AKP y Erdogan mismo.

Fuente: www.jornada.unam.mx/2016/08/06/opinion/018a1mun

Traducción: Ramón Vera Herrera

Turquía y Erdogan: ¿surgimiento y caída?

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