galería Venezuela, entre el chavismo y la restauración colonial, por Jorge Beinstein

Por Jorge Beinstein, Resumen Latinoamericano, 15 de mayo 2017.

La crisis venezolana se profundiza. El gobierno ha respondido al acoso de la derecha
local y de los Estados Unidos lanzando la iniciativa de la Asamblea Constituyente, su
intención fue producir un cambio radical de escenario convirtiendo a los acosadores
derechistas en golpistas acosados por una probable avalancha popular movilizada detrás
de la futura conformación de un nuevo modelo institucional fundado en el poder comunal,
expresión directa de las mayorías populares. Las redes sociales y un número creciente de
autores se refieren a la perspectiva de una “guerra civil”.
La derecha opositora aparece girando en torno de dos polos, uno extremista, que algunos
califican de “uribista”, sumergido en un neofascismo rabioso que postula el derrocamiento
urgente del gobierno y la instalación de un régimen de terror antichavista, y otro de
aspecto más moderado que presiona buscando la concreción de una suerte de golpe
blando o incluso el adelantamiento de elecciones presidenciales en las que se supone
victorioso. La perspectiva de un levantamiento armado auxiliado de inmediato por una
intervención externa, colombiana o multinacional piloteada por Washington, es visualizada
cada vez más por todos ellos como algo altamente probable (y deseable aunque no
siempre confesado).
Por su parte el gobierno busca ganar tiempo, le hace zancadillas a la derecha como la
que acaba de realizar convocando a la Constituyente, busca dividirla estableciendo
puentes de negociación con la supuesta oposición civilizada. Su objetivo publicitado a
diario es “la paz”, algunos suponen que se trata de una estrategia hábil que debería
reducir el espacio social de la derecha empujando a sus sectores “moderados” a negociar,
a establecer zonas de convergencia con el chavismo. Pero en el chavismo aparecen
voces críticas señalando que este pacifismo a ultranza borra las perspectivas
revolucionarias bolivarianas, sepulta las banderas del socialismo del siglo XXI y que en
realidad expresa la voluntad de la “boliburguesía”, la burguesía advenediza que se
desarrolló en los últimos años al calor de los negocios con el Estado, y más en general de
la derecha chavista que intenta establecer una suerte de acuerdo conservador, de pacto
de unidad nacional donde navegarían triunfantes los exponentes de la vieja y de la nueva
burguesía. Carlos Morreo por ejemplo establece la diferencia entre el “chavismo
gubernamental” y el “chavismo amplio” (1) que otros identifican como “pueblo chavista”
animado por la gesta de su lider histórico trascendiendo las jugadas tácticas de tal o cual
dirigente.
Hace poco Reinaldo Iturriza Lopez, quien fuera Ministro del Poder Popular para
las Comunas y más recientemente Ministro de Cultura afirmaba que
“El chavismo es,para decirlo con John William Cooke, “el hecho maldito de la política del país burgués”(2)
Cooke se refería, claro está, al peronismo, en un texto de 1967, pero la sentencia aplica
para el caso venezolano. El chavismo es, desde su gestación, un fenómeno “maldito”
para la burguesía, porque aquello que le da cohesión no es su capacidad para aglutinar el
descontento, sino su decidido antagonismo contra el statu quo. Antagonismo que
adquirirá matices anticapitalistas con el paso de los años, al fragor de la lucha, y como lo
asumirán de viva voz tanto Chávez como sus líneas de fuerzas más avanzadas”.
Nos encontraríamos entonces ante la confrontación ineludible entre una derecha
contrarrevolucionaria, afirmada ideológicamente en el capitalismo, en el elitismo colonial y
 un pueblo chavista desbordando con su sola presencia los límites del sistema. En ese
caso la paz es una quimera porque se trata de dos fuerzas históricas avanzando en
sentido contrario.
El día a día marea, la avalancha de acontecimientos, el caos económico, el incesante
bombardeo mediático global sobre Venezuela dificultan mirar la realidad más allá del
desorden cotidiano.
Petróleo y geopolítica
Venezuela dispone de la mayor reserva petrolera del planeta (cerca de 300 mil millones
de barriles de crudo según las últimas estimaciones), casi una quinta parte del total global,
superando a Arabia Saudita (unos 265 mil millones de barriles).
En 2003 cerca del 70 % de las exportaciones petroleras venezolanas iban a Estados
Unidos pero hacia 2016 habían descendido al 20 %, frente a ello el 40 % iba a China y el
20 % a India. Esta inclinación asiática (principalmente china) de la mayor reserva
petrolera mundial, su alejamiento de la vieja dependencia respecto del mercado imperial,
constituye un casus belli de primer orden en la estrategia de Estados Unidos, la pérdida
de Venezuela asociada ahora a China aparece como una situación intolerable. Más aún
cuando las ilusiones estadounidenses acerca de su producción de petróleo de esquisto se
han ido enfriando, según el pronóstico oficial dado por la U.S. Energy Information
Administration en el año 2021 se llegaría al máximo nivel de ese tipo de producción y a
partir de allí comenzaría la declinación. (3)
Las reservas petroleras imperiales se agotan y la paciencia de Washington también, el
Imperio está perdiendo su gran guerra asiática y con ella su ilusión de controlar la mayor
parte de las reservas de gas y petróleo del planeta, en consecuencia la reconquista de
Venezuela pasa a ubicarse en el primer nivel de sus prioridades.
Además ese proyecto forma parte de la estrategia de recolonización de América Latina,
retaguardia histórica del Imperio a la que la derrota en Asia otorga una importancia
excepcional.
Pero la recolonización de Venezuela no resulta una tarea fácil, no se puede realizar allí un
golpe blando, en sus distintas variantes, como sucedió en Honduras, Paraguay, Brasil o
Argentina principalmente porque en ese país no solo existe una fuerza militar
convencional fuertemente atravesada por el chavismo sino también milicias populares y
todo ello apoyado en una alta capacidad de movilización de millones de chavistas.
La intervención de las fuerzas militares colombianas ha sido siempre una alternativa pero
ello era difícil cuando en la retaguardia de esas fuerzas aparecían las FARC y sus miles
de guerrilleros. Una compleja estrategia de desarme de la insurgencia fue desarrollada de
manera paciente y sistemática, presionando a los gobiernos de Cuba, Venezuela y de
varios estados progresistas de la región para que medien en las negociaciones
pacificadoras, combinando ofertas atractivas, golpes bajos y un amplio espectro de
acciones directas e indirectas sobre las FARC desplegando una Guerra de Cuarta
Generación de alto nivel de sofisticación. El resultado fue positivo para Washington, las
FARC aceptaron su desarme y la retaguardia estratégica de militares y paramilitares
colombianos quedó liberada de peligros, ahora el que es considerado como el mejor
aparato militar de la región tiene las manos libres para cumplir las ordenes de su amo
imperial y colocarlas en el pescuezo bolivariano.(4)
Sin descartar la intervención militar, por ahora, Estados Unidos desarrolla una estrategia
de desgaste: sabotaje económico, guerra de calles, ofensivas mediáticas, cerco
diplomático, juego de negociaciones y otras acciones tendientes a aislar, degradar y
dividir al enemigo chavista. En los cálculos de los estrategas imperiales se encuentra sin
duda el escenario del salto cualitativo del desgaste pasando a una etapa de insurrección
político-militar convergiendo con la intervención externa.
Esperanzas y frustraciones
Según datos del Banco Mundial en 1960 el 61 % de la población venezolana era urbana,
en 1980 llegaba al 79 %, en el 2000 al 88 % y en 2015 casi al 90 %. Masas crecientes de
población se fueron alojando en las grandes ciudades, principalmente en Caracas, no
como resultado de la industrialización sino de la reproducción ampliada del parasitismo.
Destrucción social motorizada por una burguesía importadora y financiera dueña del
Estado que desde 1976 con la nacionalización de la producción petrolera aportaba las
divisas generadas por la exportaciones (que en más del 90 % provenían de las ventas de
petroleo crudo y sus derivados). Heredaba, remodelaba el viejo sistema dominante
basado en las exportaciones de cuero, cacao y café, afirmando la continuidad del
subdesarrollo.
La economía de renta (petrolera) bloqueó las posibilidades de desarrollo industrial y
destruyó el tejido agrario, las víctimas del desastre pasaron a engrosar las filas de los
marginales. El modelo estalló con el Caracazo (1989) y el aluvión popular abrió el camino
de la revolución bolivariana, Chavez fue su líder.
Ese despertar de masas sumergidas fue avanzando hasta la formulación de un horizonte
postcapitalista: el socialismo del siglo XXI. Pero lo que sucedió fue una sucesión de
trabas, dificultades, debilidades que fueron estableciendo una distancia cada vez mayor
entre los objetivos socialistas proclamados y la capacidad de reproducción aunque sea
degradada del país burgués que se pretendía superar. La burguesía comercial-financiera
fue empujada, a veces golpeada, maltratada pero no eliminada, no fue superado el
capitalismo sino que se caotizó su funcionamiento, no fue remplazado ni por el estatismo
socialista (que el “socialismo del siglo XXI” chavista intentaba superar) ni por el
“socialismo comunal” propuesto producto de la auto-organización de las bases populares.
En medio de ese embrollo, se reprodujo desde el Estado un élite emergente parasitaria
con fachada bolivariana y prácticas corruptas: la boliburguesía. El viejo sistema decadente
sobrevivía no solo en sus antiguos crápulas sino generando nuevos hombres de negocios
(turbios).
Queda así planteada la tragedia con final abierto, sus actores están a la vista. La vieja
burguesía parasitaria arrastrando a un vasto conjunto social multiforme donde las capas
medias cumplen un rol esencial, no tienen un programa definido, solo los agrupa la furia
antichavista. Frente a ella un vasto espacio chavista agrupando civiles y militares,
boliburgueses y masas populares radicalizadas, conciliadores con la derecha y
revolucionarios. Espacio heterogéneo que oscila entre la rendición honorable y el salto
hacia el postcapitalismo. Mientras tanto el Imperio va midiendo fuerzas, ajustando
dispositivos de intervención, sabe que aún desplazando al gobierno chavista nada le
asegura el control del país y en consecuencia de su petróleo.
1 Carlos E. Morreo, “La constituyente es una decisión estratégica”, Aporrea, 06/05/2017,
2 Reinaldo Iturriza Lopez, “Chavismo y revolución¿que pasa en Venezuela”, Rebelión, 31-08-2016,
3 US Energy Information Administration, AEO 2014, Early Release Overview.
4 Es muy esclarecedor el reciente artículo de Tony Lopez Rodrigues, durante muchos años destacado
miembro de la diplomacia cubana: “El gobierno de Colombia ante la crisis interna venezolana”, 24.-04-
2017, PIA – Periodismo Internacional Alternativo – Nac&Pop, http://nacionalypopular.com/2017/04/24/el-
gobierno-de-colombia-ante-la-crisis-interna-venezolana/

http://www.resumenlatinoamericano.org/2017/05/15/venezuela-entre-el-chavismo-y-la-restauracion-colonial-por-jorge-beinstein/

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