galería El pueblo frente al majzén

El movimiento Hirak en Marruecos

Fatim-Zohra El Malki

Jadaliyya.com

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

Las protestas del movimiento Hirak en Marruecos son el último episodio del tira y afloja entre el majzén (régimen marroquí) y las víctimas de la hogra (*). El difunto Mouhcine Fikri, el preso político Nasser Zefzafi y Nawal Ben Aissa han surgido como figuras emblemáticas de este movimiento. Al Hirak al Chaabi, o Movimiento Popular, es un movimiento popular e independiente impulsado en octubre de 2016 por los habitantes locales de la norteña ciudad marroquí de Al Hoceima, hartos ya del statu quo. Las protestas han crecido significativamente en los últimos meses, a pesar de los numerosos intentos de las autoridades de sofocar el movimiento, que ha ido extendiéndose por todo el país. Aunque no está asociado a ningún partido u organización política, varios grupos políticos y de la sociedad civil han expresado su solidaridad con el movimiento. Entre octubre de 2016 y mayo de 2017, las demandas de los manifestantes han ido evolucionando de las reivindicaciones principalmente de carácter socioeconómico a un mensaje político más potente; los eslóganes utilizados en las protestas denuncian con virulencia la corrupción rampante del majzén, la mala gobernanza y la apropiación total de los recursos de la nación.

Marruecos, a menudo considerado como un país en gran medida aislado de los disturbios y agitación ocasionados por la Primavera Árabe, se está enfrentando ahora a crecientes turbulencias por todo el país. Las manifestaciones parecían confinarse inicialmente en el Rif, que es una región de mayoría bereber marcada por una persistente marginación social y privación económica desde el establecimiento de las fronteras territoriales de Marruecos. El país está siendo ahora testigo de la oleada de violencia en Al Hoceima y en la región del Rif, así como en las mayores ciudades del país: Casablanca, Rabat, Marrakech, Mequinez y otras. Aunque no hay cifras oficiales de manifestantes, los videos muestran a miles de personas participando en cada una de las protestas.

En octubre de 2016, los marroquíes tomaron las calles después de que un vendedor de pescado muriera en Al Hoceima aplastado por un camión de la basura por orden de las fuerzas policiales. Ampliamente trasmitido por las plataformas de las redes sociales, el video del asesinato de Mouhcine Fikri desató una indignación sin precedentes. Miles de personas están ahora protestando, exigiendo que se haga justicia y que los asesinos rindan cuentas: primero, reconociendo el asesinato de Fikri, que en las consignas ha sido equiparado al “asesinato de todos los rifeños”, pero también ofreciendo soluciones concretas a los problemas a que tienen que enfrentarse los marroquíes normales y corrientes. Esto incluiría reformas socioeconómicas que reduzcan el desempleo de los jóvenes y que alivien el aumento del coste de la vida, pero también reformas estructurales en beneficio de sectores como el de la educación y la sanidad, descuidados ambos por el presupuesto estatal.

Aunque al principio se encontraron con el desprecio total por parte de las autoridades, las protestas aumentaron en alcance e intensidad el pasado mes de mayo, alcanzando su cenit tras la detención de Nasser Zefzafi, el líder del movimiento Hirak, después de que interrumpiera el sermón de la oración del viernes en Al Hoceima. Zefzafi acusó al imán de la mezquita local de actuar como portavoz del régimen en un intento por desacreditar el creciente movimiento de oposición. Tras una búsqueda de tres días, fue posteriormente arrestado por “interrumpir una ceremonia religiosa” y “desobediencia civil”.

El brutal asesinato de Mouhcine Fikri y el arresto de Nasser Zefzafi son hechos sintomáticos de las arraigadas desigualdades sociales de Marruecos. Demuestran también la política manifiesta, aunque sofisticada, de represión del majzén por todo el reino y más específicamente en el Rif. Esta región ha aparecido a menudo como un paria en el discurso público marroquí; los sucesivos poderes gobernantes la han marginado de forma deliberada en recuerdo de su rebelde pasado secesionista. Por ejemplo, hasta hace poco, la exclusión del Rif de la políticas educativas integradoras ponía de manifiesto el intento de dividir en vez de consolidar el entendimiento entre la ciudadanía marroquí. El Rif carece de la infraestructura más básica; un único y peligroso camino de montaña es la conexión terrestre que une Al Hoceima con el resto del país. En el frente económico, el gobierno necesitó más de once años para iniciar un plan de desarrollo en Al Hoceima después de que un terremoto destruyera gran parte de la ciudad en 2004. En un comunicado de prensa emitido el 1 de junio de 2017, Ilyas el Omari, secretario general del Partido por la Autenticidad y la Modernidad –un partido fundado por un amigo de la infancia y cercano asesor del rey-, nacido él mismo en Al Hoceima, lamentó la crisis y afirmó que “Ningún departamento del gobierno había gastado ni un solo dírham en el plan de desarrollo de Al Hoceima en 2016”. Ahí pueden apreciarse claramente las tensiones entre una población exasperada y un gobierno que no cumple sus promesas.

Myriam Abouzeid sostiene que el abandono económico y social sufrido por la región del Rif ha generado nuevas formas de autonomía social y cultural. Debido a esta situación, los acontecimientos en Al Hoceima podrían muy bien auspiciar una intensificación del reciente movimiento de protestas por todo el país.

Las protestas que se extendieron por todo el país para denunciar el asesinato de Fikri fueron las mayores protestas coordinadas que han tenido lugar en el reino desde 2011. En octubre, tras días de disturbios y silencio por parte de las autoridades, el rey Mohamed VI finalmente dio instrucciones al ministro del Interior para que presentara sus condolencias a la familia de Fikri, prometiendo que los autores de la muerte de Mouhcine tendrían que rendir cuentas una vez realizadas una serie de investigaciones exhaustivas, aunque hasta la fecha no ha habido resultados tangibles.

Desde finales de mayo, las manifestaciones de solidaridad que han tenido lugar en las mayores ciudades de Marruecos han sido recibidas con violencia y arrestos mientras el gobierno continúa ignorando absolutamente las principales quejas de los manifestantes. Los enfrentamientos entre la policía antidisturbios y los manifestantes han llevado al arresto de un creciente número de manifestantes, así como de periodistas, activistas y líderes comunitarios. Los manifestantes afirman que la policía antidisturbios tenía órdenes directas de agredir a los manifestantes que no obedecieran y se alejaran de las protestas, mientras que los abogados defensores de los encarcelados por las autoridades sostienen que sus clientes fueron sometidos a torturas y abusos cuando se encontraban bajo custodia policial. Las fotos y los videos que circulan por las redes sociales muestran que los manifestantes continúan sufriendo heridas graves. Según la corresponsal de Reuters en Rabat, Samia Errazzouki: “Varios activistas han confirmado que la policía antidisturbios realizó disparos reales de advertencia y lanzó gases lacrimógenos en un intento de dispersar a los manifestantes en Al Hoceima”.

En octubre de 2016, en entonces ministro del Interior, Mohamed Hassad, había ya amenazado a los manifestantes y a los activistas online con el famoso “Rakom me3rofin”, que podría traducirse más o menos como “sabemos bien quién eres”. Se trataba de una advertencia de que cualquier apoyo a Hirak estaba siendo vigilado por las autoridades y que podría haber represalias. Los círculos de activistas se han apropiado ahora de la expresión, convirtiéndola en un hashtag popular, demostrando que la estrategia de la política del miedo ya no puede mantenerse.

Es importante señalar que los medios, las organizaciones de la sociedad civil y los activistas online están bajo el escrutinio del Código Penal y el muy amplio concepto de seguridad nacional, lo que plantea serias preocupaciones por las libertades civiles. El Código Penal de Marruecos, profundamente represivo, se promulgó en 1963 y es de hecho una versión revisada del Código Napoleónico de 1818, ampliado en 1953 por el aparato colonial francés para aplastar con toda firmeza el “movimiento nacionalista terrorista” y castigar la resistencia de las poblaciones locales contra sus gobernantes opresores.

Tras la independencia en 1956, el rey Hassan II utilizó el mismo proyecto francés para aumentar su control autoritario sobre el país. Más recientemente, el rey Mohamed VI se ha encargado de reformar el Código Penal junto con el gobierno. Esta fachada de reformas pretende reforzar el aparato estatal al mismo tiempo que reduce el espectro de libertades civiles en nombre de la seguridad nacional. Es en este contexto de sometimiento en el que el Estado marroquí desarrolló la actual estrategia de contraterrorismo que aplica también a los pacíficos, aunque indignados, manifestantes. Hoy en día, la definición legal de terrorista ha cambiado tan poco como el Código Penal: Los nacionalistas, que representaban un peligro para el establishment francés y eran el objetivo de la legislación antiterrorista francesa, han sido reemplazados por una categoría similar que incluye a toda persona que critique el régimen o exija reformas.

Los métodos heredados de la colonización, actualmente utilizados por el gobierno, están haciendo muy poco para satisfacer las demandas básicas de una población hambrienta de igualdad de oportunidades y justicia social.

Además, las personalidades y símbolos del Hirak están siendo constantemente utilizados por los medios nacionalistas para desacreditar los objetivos y mensajes del movimiento. Tras el arresto de Zefzafi, la prensa amarilla empezó a filtrar fotos de Zefzafi en compañía de mujeres y llevando una vida lujosa en yates, presentando un marcado contraste con su activismo. Aun así, la furiosa campaña en los medios contra él intentando que su mensaje apareciera como inconsistente teniendo en cuenta su vida personal sólo sirvió para afianzar aún más su situación frente al gobierno.

Zefzafi está teniendo que enfrentarse a las graves acusaciones de amenazar la seguridad nacional y recibir ayuda extranjera, delitos por los que probablemente será condenado a pena de muerte o a cadena perpetua, dependiendo del juez que le juzgue. La amplia diáspora rifeña que lleva décadas repartida por Europa hace que sea fácil presentar acusaciones de apoyo exterior; las familias inmigrantes envían a menudo dinero a sus familias e invierten en sus hogares marroquíes en preparación de su regreso allí. Hay ya prevista un gran protesta del movimiento Hirak el 20 de julio, una fecha en la que muchas familias habrán vuelto de vacaciones a Marruecos. El papel que la diáspora podría jugar en estas protestas está aún por ver, pero es probable que su número y estatus ejerzan presiones adicionales sobre el gobierno. Por Internet circulan videos de manifestantes rompiendo sus pasaportes marroquíes para mostrar su negativa a prometer lealtad a un Estado que ya no les representa. Estas tensiones aumentan la probabilidad de que acontecimientos similares se produzcan este verano.

En un esfuerzo manifiesto por continuar con la protestas, figuras femeninas como Nawal Ben Aissa , de 36 años y madre de cuatro hijos, se han puesto rápidamente al frente de las protestas, enriqueciendo el movimiento con nuevos rostros. Ben Aissa anunció en un video, que se hizo posteriormente viral, que se estaba entregando a la policía tras una orden arresto emitida en su contra el 1 de junio. Fue interrogada y liberada poco después.

Por otra parte, a pesar de su notable silencio, el Estado está trabajando cuidadosamente tras las bambalinas para invalidar el movimiento Hirak. Por ejemplo, el hecho de ondear banderas rifeñas y amazigh durante las protestas se considera como un ataque directo contra la integridad territorial de Marruecos y como un mensaje separatista claro. Este sentimiento está alimentado por las plataformas mediáticas propalacio diseñadas para extender el miedo, disuadir de la solidaridad y aislar las protestas de la población en sentido amplio. Sin embargo, este esfuerzo ha sido infructuoso hasta ahora y un número cada vez mayor de manifestantes están tomando las calles y mostrando un apoyo sin paliativos al Hirak en los medios sociales.

Aunque el gobierno ha emitido varias declaraciones generales sobre la situación, sus medios de propaganda están alimentando el miedo popular sugiriendo que las manifestaciones podrían degenerar en una ruptura total de la ley y el orden de forma parecida a las crisis en curso en las vecinas Libia y Siria. Esta narrativa ha preocupado al público marroquí en sentido amplio y provocado reacciones ambivalentes.

En el mismo sentido, los medios han acusado al movimiento rifeño de recibir apoyo exterior de entidades separatistas como el Polisario y Argelia. Esta es una estrategia común del majzén para estigmatizar cualquier tipo de antagonismo con el discurso oficial. Sin embargo, esas acusaciones tienen poca credibilidad a la luz de la escasez de medios independientes y de la vulnerabilidad de su posición dentro de un aparato estatal fuertemente controlado que fomenta un ambiente represivo en el que la disidencia y las demandas legítimas se equiparan con la deslealtad, la influencia extranjera y la traición. En realidad, como sostuvo Abubakr Jamaï, las razones subyacentes en los levantamientos actuales, aunque empezaran en el Rif, van más allá del regionalismo y tienen que ver con todo el tejido social de una nación inmersa en la “desesperación económica y social”.

En resumen, el gobierno continúa rechazando las reclamaciones de sus ciudadanos y no ha conseguido implementar medidas concretas de reforma que aborden las desigualdades subyacentes. Ha descartado estas protestas como hechos aislados instigados por una maligna influencia exterior o por actores internos desleales dispuestos a derrocar al Estado. Si esto sigue así, la situación tiene potencial para degenerar en una crisis total.

N. de la T.:(*) Término que evoca a la vez desprecio, abuso de poder e injusticia.

Fatim-Zohra El Malki es una investigadora independiente radicada en Washington DC. Tiene un máster en Estudios Árabes del Edmund A. Walsh School of Foreign Service de la Universidad Georgetown, y un máster en Estudios de Seguridad de la Universidad Queen de Belfast. Twitter: @fzelmalki

Fuente: http://www.jadaliyya.com/pages/index/26645/moroccos-hirak-movement_the-people-versus-the-makh

Esta traducción puede reproducirse libremente a condición de respetar su integridad y mencionar a la autora, a la traductora y a Rebelión.org como fuente de la misma.  

https://www.rebelion.org/noticia.php?id=227604

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