galería Repartidores de Deliveroo contra la explotación de la economía colaborativa

Convocan una huelga y paros parciales entre el 6 y el 9 de julio en Barcelona y manifestaciones en Madrid y Valencia

 

 

 

Las pegatinas y reivindicaciones de la plataforma Riders por Derechos pueden visualizarse en las calles y por las redes sociales. “Deliveroo esclaviza”: porque “da” horas de trabajo a los repartidores, pero si estos se lesionan, enferman o si a la empresa le conviene, se quedan sin horas y sin cobrar. “Deliveroo manipula”: porque menciona la economía colaborativa, pero ningunea la libertad de los trabajadores e impone sus condiciones. Fundada en 2013 en Londres, donde tiene su delegación central y con extensión en 12 países, la compañía Deliveroo se define como una startup (empresa emergente) digital en boga, dedicada a la entrega de comida a domicilio. “Tus restaurantes favoritos, directos a tu puerta”. A los trabajadores les dicen que son libres para elegir cuándo reparten, y que para la tarea sólo necesitan un smarthpone, darse de alta como autónomo (o ya serlo al entrar en la empresa), bicicleta o motocicleta y un Iphone 4S o Android 4.1. Proponen “ingresos atractivos; las propinas son íntegras para ti”.

Deliveroo cuenta con sedes en Madrid, Barcelona, Valencia y Zaragoza, que suman cerca de mil repartidores. Los trabajadores ya realizaron una huelga el dos de julio, y en Barcelona la plataforma Riders por Derechos ha convocado la segunda –de 48 horas- el ocho y nueve de julio, además de paros parciales durante los dos días anteriores. En Madrid y Valencia se han convocado manifestaciones de apoyo a la huelga de Barcelona, con las cuatro reivindicaciones básicas de la plataforma: que la empresa garantice al menos 20 horas semanales al repartidor que así lo quiera; que también garantice el cobro por hora equivalente a la entrega de dos pedidos (la compañía pretende –en el nuevo contrato- dejar de pagar de este modo, para hacerlo sólo por pedido entregado); un seguro de todo riesgo para los trabajadores; y la readmisión de los despedidos o represaliados por la huelga del dos de julio (entre 15 y 20 personas). Además, el cinco de julio la plataforma presentó una denuncia contra la empresa ante la inspección de trabajo en Barcelona. En el estado español podría haber, según la Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos, 240.000 “falsos” autónomos (trabajadores con una vinculación a la empresa similar a la de un empleado por cuenta ajena).

José Manuel González, de 24 años, ha trabajado durante un año para Deliveroo en Valencia, donde entró en junio de 2016 y pagaba una cuota como autónomo de 190 euros. Terminó “quemado” por diferentes motivos. “La empresa es realmente una aplicación informática; tú ofreces la disponibilidad de turnos para la semana siguiente, entonces ellos realizan la planificación; pero después el plan puede estar sujeto a cambios sin consulta previa a los trabajadores; hay casos en que esto ocurre”. Todo opera según las necesidades de la compañía, además con la posibilidad de que se penalice al repartidor si no está disponible. Por ejemplo, no asignándole horas de trabajo. Cuenta que la Inspección de Trabajo en Valencia se dirigió a una decena de trabajadores de Deliveroo al detectar “cosas extrañas”; estos le facilitaron la información. Pero la compañía se ratifica siempre en su versión: las bondades del trabajo flexible, las ventajas para combinar empleo y estudios; o la libertad del repartidor a la hora de asumir los pedidos.

“El problema es el nuevo contrato”, lamenta Daniel Guerrero, de 26 años, repartidor en bicicleta que trabaja para Deliveroo desde el pasado quince de marzo. Destaca que ya hay personas trabando con el nuevo contrato propuesto por la compañía –cobro por pedido realizado-, que se pretende frenar. Él mismo lo ha firmado, aunque no esté de acuerdo, pero necesita un trabajo. Señala algunas de las reivindicaciones consideradas secundarias: que los repartidores dejen de cobrar cantidades diferentes según la ciudad de que se trate, de modo que se equiparen a la remuneración más alta (Madrid, 4,50 euros por pedido); asimismo piden el pago de pluses por lluvia. Denuncia la escalada de represalias: como las sufridas por el portavoz de Riders por Derechos de Barcelona, Eve Llagostera, a quien la empresa despidió por librar los pedidos en supuesto estado de embriaguez; sus compañeros atribuyen el despido, sin embargo, a la participación en las movilizaciones; y el caso de otro compañero, Víctor Sánchez, portavoz de la Plataforma en Valencia, despedido tras la rueda de prensa en la que se presentó el colectivo. Los compañeros invitan a consultar las ratios de rendimiento de Sánchez, con las que se desmiente cualquier incumplimiento de horarios y rechazo de pedidos. Otro caso difundido es de Laura, miembro del comité de huelga en Madrid y despedida por la empresa.

Daniel Guerrero lleva menos de cuatro meses en Deliveroo, pero el tiempo se acelera. Advierte de la situación de compañeros que no han suscrito el contrato con las nuevas condiciones: la empresa les llama por teléfono, envía correos electrónicos o SMS para resolver supuestas dudas. A él también le sugirieron que firmara, porque era la mejor manera de continuar trabajando. “No te dejan opción”. En el día a día, resulta habitual la presión para que los pedidos se entreguen con mayor velocidad. La noche anterior a la presente entrevista, cuando se ocupaba de una de las comandas, recibió a los 15 minutos el siguiente mensaje por Telegram: “Hola, ¿tienes algún problema en el trayecto al restaurante en el que te podamos ayudar?” En otras ocasiones el “aviso” se produce a los ocho minutos, incluso a los cinco. “Y siempre te tienen localizado por el GPS”. Sin embargo, ante una reciente incidencia, estuvo treinta minutos a la espera de que el soporte informático se la resolviera. Además la aplicación informática con la que trabaja el repartidor “falla continuamente”.

Cuando ingresó en Deliveroo, tuvo que pagar al igual que sus compañeros una fianza por las cajas de reparto y las bolsas térmicas que facilita la empresa. Otra de las críticas consiste en que sea la compañía quien emita las facturas, y no el trabajador autónomo. La consecuencia, explica Guerrero, es que ninguna de las facturaciones que la empresa le ha realizado desde abril (dos al mes) sea correcta. Además, José Manuel González se queja de la mala organización y el nulo apoyo de la empresa a los repartidores. “No tienes un contacto personal, sino únicamente un correo electrónico y una aplicación informática”, resume a partir de su experiencia en Deliveroo. Daniel Guerrero ratifica las afirmaciones de su compañero: “El teléfono nunca te lo cogen; hay ejemplos de cincuenta llamadas sin respuesta en un día”. Así las cosas, la tabla reivindicativa de los repartidores plantea cuatro puntos nítidos. Uno de ellos, la remuneración de la hora de trabajo equivalente al pago de dos pedidos, se ha estado cumpliendo, pero la compañía no ha satisfecho en todos los casos la jornada mínima de 20 horas semanales; y ello, “a pesar de las promesas que hacía en la entrevista previa y durante la firma del contrato, eso sí, nunca por escrito”, subraya González.

Pese a las denuncias de los repartidores, la empresa ofrece una imagen optimista en su página Web. Asegura buscar a restaurantes para que se unan a “nuestra revolución”. Un ejemplo de economía colaborativa que permitirá a los hosteleros llegar a más clientes que nunca. Y a los consumidores, encargar “comida excelente” cualquier día de la semana, entre las 12,00 y las 24,00 horas. En un artículo publicado en el periódico digital Público en noviembre de 2016, el catedrático de Ciencias Políticas y Sociales, Vicenç Navarro, caracterizaba la economía colaborativa como “una consecuencia del dominio del pensamiento neoliberal en el área de la provisión de servicios”. Navarro se centra en las compañías Uber (que compite con el sector del taxi) y Airbnb (plataforma que pone en contacto a propietarios de pisos -o inquilinos- con demandantes de una vivienda). La clave, a juicio del catedrático, radica en que se sustituye la relación del empresario con el colectivo de trabajadores, que cuentan con sindicatos que negocian las condiciones laborales; por la del capitalista que negocia individualmente con cada empleado.

La Plataforma Riders por Derechos de Barcelona toma impulso para la próxima huelga en el precedente británico. En el verano de 2016, tras una semana de paro, los riders de Londres tumbaron el nuevo contrato que planteaba Deliveroo. Al igual que actualmente en el estado español, la compañía pretendía pasar de siete libras la hora a 3,75 libras por pedido y sin el abono de “mínimo” alguno. Se denunciaron amenazas de despido, aunque la empresa argumentó que sólo se trataba de un “ensayo”. Finalmente los trabajadores volvieron al trabajo, sin que se produjeran represalias.

Actualmente en pleno conflicto, a los obreros de Deliveroo en el estado español se les controla la aceptación de pedidos, la asistencia en las franjas de reparto acordados, el tiempo medio desde que entra el pedido hasta que finaliza y la disponibilidad en las franjas de reparto de alta demanda. El caso de Daniel Guerrero no es de los habituales. Supera las 50-55 horas semanales repartiendo, incluidos los fines de semana y por la noche teóricamente hasta las 24,00 horas. Le quedan cerca de mil euros netos al mes, de donde ha de abonar más de 300 euros de la cuota de autónomo. Más común es el ejemplo de José Manuel González. Por laborar 28 horas a la semana (también incluidos los sábados, domingos y en horarios nocturnos) percibía 350 euros netos mensuales, descontados las retenciones del IRPF, la cuota de autónomo y el IVA. “Pero hay compañeros que trabajan cinco o seis horas a la semana, y no tienen siquiera para los pagos del régimen de autónomo; han de buscarse otros empleos”, coinciden.

https://www.rebelion.org/noticia.php?id=228841

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