galería Tres bombardeos. (enlace)

229123_1

Foto: Victor Galeano

Tres días con sus noches permaneció A inválido y paralizado entre la selva del Resguardo Kakaradó, sobre las estribaciones del Nudo del Paramillo. Al cuarto día la mano despedía una putrefacción de mortecina y estaba llena de gusanos. Arrastrándose fue como consiguió A volver a la orilla del río Esmeralda. Lo primero que vio fue a unos indígenas katíos que bajaban en panga, una lancha de la región. Los llamó. Dijeron que el comandante Manteco andaba aguas arriba con otro grupo.

–¿Lo llevamos?

–Bueno.

Allá sus compañeros lo estabilizaron y le limpiaron el agujero. A pudo volver a caminar normalmente y la herida fue cerrando poco a poco, pero dejándole la mano tiesa, con los dedos siempre rígidos y estirados como las garras de alguna lagartija, o como un chamizo seco y arrugado. Seis meses después, cuando pudo salir del monte a practicarse un tratamiento en Medellín, le dijeron que no había nada que intentar. Tantos años en la guerra y nunca, pero nunca, le había tocado nada así. Para venir a quedar jodido al final, piensa hoy, pues por esos días arrancaba el proceso de paz.

Origen: Rebelion. Tres bombardeos

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s