galería La extrema derecha en Occidente y la cuestión de los refugiados

 

Al-Jumhuriya English

 

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.

La victoria de la candidatura de Donald Trump a la presidencia de EEUU y su retórica política populista han reanimado en gran medida las aspiraciones de los partidos políticos de derecha en Europa. Estos partidos se han dado cuenta ahora de la posibilidad de obtener el apoyo del público, y por lo tanto votos, simplemente mediante una oratoria sensacional y divisiva. Como señala el investigador Azmi Bishara [1], a pesar de la disparidad en el discurso entre la derecha populista y la extrema derecha, ambos grupos comparten el mismo discurso dogmático, que va dirigido a explotar las sensibilidades comunitarias al abordar los asuntos públicos y echar la culpa a los inmigrantes y refugiados de las altas tasas de desempleo y delincuencia. Esto es lo que hace que a menudo se llame a los partidos de extrema derecha “partidos antiinmigración”, dada su hostilidad hacia los extranjeros y la diversidad y su oposición implacable a que puedan integrarse en la Unión Europea.
En estos últimos años, Europa ha sido testigo de cómo una oleada de movimientos de extrema derecha iba propagándose por muchas de sus sociedades, incluyendo Alemania, Hungría, Eslovaquia, Dinamarca, Francia, Austria, Suecia y Gran Bretaña. Los partidos de la derecha de esas sociedades han conseguido atraerse a numerosos votantes, un hecho que ha empezado a reformar el paisaje político en sus respectivos países.

Se está sosteniendo a amplios niveles que los refugiados y los emigrantes son la causa directa del ascenso de estos actores políticos, ya sea a nivel parlamentario, municipal o presidencial, así como en el Parlamento Europeo. ¿Qué es, entonces, la extrema derecha? ¿Va a influir realmente en la toma de decisiones políticas, especialmente en lo relativo a los refugiados, en caso de su potencial victoria electoral, especialmente en Alemania y Francia, donde hay previstas varias rondas de elecciones este año?

Los términos “izquierda” y “derecha” se utilizan para clasificar actitudes, ideologías, creencias y partidos políticos, representando cada uno un polo del espectro político. El término “derecha” se refiere a fuerzas conservadoras que rechazan el cambio social y político y se esfuerzan por mantener los órdenes y jerarquía sociales; al contrario, la “izquierda” se refiere a las fuerzas que a menudo se oponen al statu quo político y social. Se considera que las fuerzas de centro favorecen las reformas graduales [2].

Cuando estalló la crisis financiera mundial en 2008, los partidos tradicionales de derecha y de izquierda se vieron inmersos en un dilema. Debido al fracaso del establishment para contener la crisis, prevaleció una atmósfera de descontento público, momento en el que empezó a aparecer una retórica inflamatoria a nivel racial que iba fundamentalmente dirigida contra los inmigrantes, pidiendo su aislamiento y el cierre de fronteras. Aprovechando la desesperación y frustración de los ciudadanos europeos a finales de la primera década del 2000, los partidos de derechas empezaron a allanar el camino para llegar al poder.

Los partidos tradicionales se encontraron frente a frente con los cada vez más poderosos partidos de extrema derecha que han conseguido popularidad y credibilidad entre un determinado público, proponiéndose como alternativa a los partidos políticos convencionales.

Nostalgia religiosa y nacionalista

Como consecuencia del aumento de las crisis y conflictos en el sur global, Europa se ha convertido en un puerto seguro para los refugiados que huyen de la muerte y el horror en sus países de origen. A partir de 2011, tras los desafortunados resultados de la Primavera Árabe, la inmigración ilegal hacia Europa se incrementó de forma notable. Las medidas de la UE no han logrado controlar el flujo de nuevos refugiados que cruzan el Mediterráneo en lo que los sirios denominan “barcas de la muerte”.

Durante 2015, la cifra de solicitantes de asilo aumentó enormemente, llegando a registrarse un millón y medio de refugiados. Como sostenía el estudio del Carnegie “Las raíces de la crisis de refugiados en Europa”, la guerra en Siria ha sido una razón importante en el flujo de refugiados hacia el viejo continente. El estudio sugiere que, a nivel mundial, uno de cada cinco refugiados procede de Siria.

Esta situación llevó a una lucha ideológica entre el humanitarismo encarnado en la mayoría de las constituciones europeas, que exige acoger a los refugiados que huyen de zonas en guerra, y la complicada realidad de una población refugiada creciente, todo ello combinado con una serie de incidentes desafortunados que se produjeron en muchas ciudades europeas: la masacre de Charlie Hebdo en París, los suicidas-bomba en Bruselas y los ataques sexuales masivos en Colonia, Alemania, entre otros.

Estos incidentes han vertido más combustible sobre las llamas. El temor se extendió entre las comunidades europeas locales y se dirigió contra árabes y musulmanes, al diferir de ellas en religión, identidad y cultura. Los votantes empezaron a inclinarse por la extrema derecha, identificándose con su retórica antiinmigración y colocando sus preocupaciones basadas en la identidad por encima de cualquier otra consideración.

Después se produjeron varios acontecimientos importantes, mientras Gran Bretaña votaba a favor de su salida de la UE a través de un referéndum popular, y el partido del Frente Nacional francés, dirigido por Marine Le Pen, conseguía el 25% de los votos en las elecciones parlamentarias europeas, derrotando al gobernante Partido Socialista y consiguiendo después otra victoria en las elecciones municipales de 2015. Además, el Instituto Forsa dirigió una encuesta en agosto de 2016 que demostró particularmente el ascenso del partido de extrema derecha Alternativa por Alemania (AfD, por sus siglas en alemán), a expensas de la Unión Cristiano-Demócrata (CDU) de Merkel. El apoyo a nivel nacional a la AfD ha aumentado del 10% al 12%, según la encuesta, consiguiendo su tasa más elevada de apoyos en 2016, mientras que tasa de apoyo a la coalición gobernante caía dos puntos, hasta llegar al 33%.

Todo lo anterior indica claramente una serie de cambios aparentes en el estado de ánimo europeo. Los votantes se sienten más inclinados por el discurso populista y sus cajas de resonancia en los medios de la extrema derecha. Esto incrementa la preocupación por el futuro de los refugiados, en particular de los refugiados sirios, respecto a normativas más duras por parte de los gobiernos o a acciones de represalia por parte de extremistas. Este es sobre todo el caso dada la inquietud existente por la cuestión de la seguridad, lo que podría promover políticas hostiles en su contra si la extrema derecha saliera vencedora en las muy esperadas elecciones de Francia y Alemania.

En estos momentos no se puede afrontar la cuestión de la extrema derecha sin abordar la islamofobia [3]. Estas tendencias son evidentes en todas las plataformas de extrema derecha, que no dudan en declarar su enemistad hacia el Islam y los inmigrantes musulmanes en cuanto se les presenta la ocasión. En 2008, varios partidos europeos de derecha dieron un nuevo paso de bastante gravedad cuando lanzaron una iniciativa antimusulmana denominada Ciudades contra la Islamización. Además, tras la masacre de Charlie Hebdo en enero de 2014, los Patriotas Europeos Contra la Islamización de Occidente (PEGIDA, por sus siglas en alemán) organizaron una concentración en la que participaron 25.000 personas en la ciudad alemana de Dresde.

El científico político Rabah Zeghouni considera que la islamofobia “se ha convertido en una realidad en Occidente, especialmente en Europa”, y que ahora “se promueve mediante un discurso político y mediático que ha creciendo en aceptación y legitimidad, por el cual los grupos musulmanes son ocasionalmente criticados en nombre de valores liberales como la libertad de expresión. Se ha extendido tanto que el discurso del racismo y del odio contra los musulmanes se ha casi normalizado social y políticamente, y la discriminación contra los musulmanes se ha convertido en un aspecto controvertido de la atmósfera política en Europa…”

La caída de París y Berlín en manos de la extrema derecha constituiría la caída de la UE y un potencial retorno al nacismo y al fascismo. Como Christophe Bourdoiseau advertía al público alemán en Le Parisien: “Tomad en serio a la AfD o acabaréis como nosotros. Durante mucho tiempo Francia ignoró al Frente Nacional, y ahora es el partido más fuerte de la nación. Alemania no debería repetir ese error en sus relaciones con la AfD”.

Para que los refugiados no caigan en manos de la extrema derecha, las organizaciones por los derechos humanos, los grupos de la sociedad civil y los lobbys sirios en Europa deben realizar esfuerzos concertados y asumir su papel en la defensa de la democracia y de las libertades fundamentales garantizadas en las constituciones, incluida la libertad de creencia y de expresión. Quizá los grupos de presión sirios debieran también ayudar a los sirios a buscar la integración social y cultural dentro de las comunidades locales europeas, a fin de mitigar los aspectos negativos del potencial y continuado ascenso de la extrema derecha al poder.

Los chivos expiatorios de las crisis económicas

El fracaso de las políticas europeas para hacer frente a la crisis económica de 2008 ha impactado muy negativamente en los medios de vida de amplios segmentos de varias sociedades europeas. Algunos investigadores sostienen que estos segmentos, cada vez más marginados y desempleados, no pueden ya mantenerse con los cambios económicos de una era posindustrial de globalización y apertura de mercados. Frente a la continua inflación y recesión, así como a la aparentemente interminable búsqueda de asilo, empiezan a inclinarse cada vez más hacia la derecha.

En octubre de 2015, investigadores como Manuel Funke, Mortiz Schularick y Christoph Trebesch dirigieron una investigación titulada “Going to Extremes: Politics after Financial Crises, 1870-2014” [Yendo hacia los extremos: La política después de las crisis financieras, 1870-2014], en la que sostienen que la “incertidumbre política aumenta de forma aguda tras las crisis financieras”.

En el estudio se afirma que cada crisis financiera lleva necesariamente a tasas más altas de desempleo y pobreza, lo que a su vez hace que la sociedad se vuelva contra la clase política tradicional a favor de la retórica más excesiva de la extrema derecha. Especialmente, el estudio señala que las zonas francesas que votaron al Frente Nacional son las más afectadas por el mayor desempleo y contracción económica.

Sin embargo, y aunque la crisis financiera ha estado entre las causas que han favorecido el ascenso de la extrema derecha en muchos países europeos, ha sido también, por el contrario, una causa del ascenso de la izquierda tanto en España como en Grecia. El partido griego de la Coalición de los Radicales (Syriza), dirigido por Alexis Tsipras, consiguió una amplia popularidad entre los griegos que se oponen a las políticas de austeridad impuestas por la UE. Mientras tanto, el recién formado partido Podemos se convirtió en el tercer mayor partido en el Parlamento español, con 69 de los 350 escaños, y con perspectivas prometedoras para el caso de que los partidos conservadores no consigan contener las convulsiones financieras que han estado haciendo estragos en la economía española.

Por consiguiente, se ha estado utilizando a los refugiados como chivos expiatorios a los que culpar de las crisis económicas. Se ha hecho creer que compiten con los europeos por sus medios de vida. Lo que debería tenerse en cuenta en este contexto es que aunque la economía alemana no se ha visto gravemente afectada por la crisis financiera, Alemania ha vivido un resurgimiento de la extrema derecha. Esto sugiere que aunque haya bases económicas para el giro populista hacia la extrema derecha, no son sin duda las únicas causas. Es necesario profundizar en las raíces del problema, incluyendo el sentimiento extendido entre los ciudadanos europeos de que sus identidades están amenazadas al considerar que los crecientes guetos comunitarios y comunidades de refugiados están constituyendo una sociedad paralela, o una sociedad dentro de la sociedad en general.

Legislación

En un gesto humanitario de la canciller Angela Merkel, Alemania suspendió la deportación de los solicitantes de asilo de Siria bajo el Reglamento de Dublín de la UE, lo que produjo el intenso rechazo de la extrema derecha a las políticas de Merkel. Es importante señalar que el Parlamento húngaro celebró un referéndum para tratar de oponerse a las cuotas obligatorias de la UE para aceptar la reubicación de solicitantes de asilo, llegando hasta el extremo de aprobar una ley que permite la detención y deportación de todos los solicitantes de asilo en el país y su devolución a la vecina Serbia.

Por otra parte, la UE sigue determinada a rechazar las oleadas de inmigración ilegal. Ya ha ofrecido a Níger, uno de los lugares de paso más importantes para quienes buscan asilo en el camino africano hacia Europa, una suma de 610 millones de euros para que impida la inmigración ilegal. Ofertas similares se han negociado con Senegal, Etiopía y Mali, así como con Afganistán, Jordania, el Líbano y Turquía.

Además, la UE también ha recurrido a la vigilancia de buques y lanzamiento de drones para recoger información de los viajes ilegales entre las costas africanas y europeas. También ha triplicado el presupuesto de la Operación Tritón, que tiene como objetivo el control de las fronteras europeas. Hablando extraoficialmente, la ayuda al desarrollo económico que la UE concede a Estados vecinos que no son miembros de la UE, dentro del marco de la Política de Vecindad Europea, está condicionada a que garanticen la seguridad de sus fronteras y se comprometan a devolver a los inmigrantes ilegales.

Merece la pena señalar especialmente aquí que varios países europeos sólo han aprobado un escasísimo número de solicitudes de inmigración presentadas a través de sus embajadas y consulados, dejando que el resto de solicitantes tengan que enfrentarse al mar, fomentando indirectamente la búsqueda de rutas de inmigración ilegal.

Mientras prosiguen las escaramuzas políticas entre los partidos de extrema derecha y de la derecha tradicional, multitud de refugiados permanecen estancados en las fronteras griegas sufriendo y a la espera de lo desconocido. En función de su acuerdo con la UE, Turquía ha cerrado sus fronteras terrestres a los sirios, dejándoles en situación de vulnerabilidad ante las balas de los gendarmes si es que se atreven a cruzar. Lo que resulta sorprendente es que los países occidentales, que a menudo alardean de sus compromisos con los convenios de los derechos humanos, estén asumiendo políticas inhumanas y abandonando a los refugiados para que mueran en el mar o se pudran de asco en los campos de Serbia y Grecia, donde hasta las inclemencias del tiempo van seguidas de muerte y sufrimiento.

Todo esto plantea la pregunta de cuál será el destino de los refugiados bajo medidas potencialmente más duras de la UE. En este contexto, el abogado Ghazwan Karanfol, presidente de la Asamblea de Abogados Libres Sirios, comentaba:

“Estados como Alemania y Francia, que se caracterizan por un legado democrático de valores consolidados del Estado de derecho y de los derechos humanos, no pueden transgredir sus obligaciones legales con los refugiados, que son parte de un sistema jurídico internacional al que esos países han contribuido y con el que se han comprometido. Sin embargo, de hecho, la crisis de inmigración ilegal y las masas humanas que fluyen hacia Europa presionarán necesariamente a esos países para que revisen su posición a este respecto. No es probable que eludan leyes con las que se han comprometido, pero pueden restringir el acceso de los refugiados, bien imponiendo procedimientos más estrictos para los derechos a la protección o al asilo, o revocando algunas ventajas para que sus propios países sean menos atractivos para los solicitantes de asilo. Tal legislación puede recibir bastante apoyo popular, dadas las presiones financieras que plantean los refugiados en los presupuestos públicos de esos países, así como los casos de terrorismo que han golpeado a varios países, como ha sucedido en Francia, Bélgica y Alemania…”

Finalmente, a pesar de los repetidos llamamientos de la extrema derecha a expulsar a los refugiados, y a pesar de los incansables intentos de la UE para impedir su llegada, muchos ciudadanos europeos han dado la bienvenida a los refugiados y miles de ellos tomaron las calles en solidaridad con ellos y para rechazar el nacionalismo radical e aislacionista, como sucedió en Londres, Madrid, Berlín y Copenhague. Además, el Instituto Forsa volvió a revisar la opinión pública alemana en octubre de 2016 y mostró que el actual gobierno alemán, dirigido por Merkel, que está a favor de los refugiados, puede seguramente obtener el 45% de los votos en las elecciones de 2017.

Las elecciones celebradas en Austria a finales de 2016, en las que el partido de extrema derecha Libertad de Norbert Hofer perdió ante Alexander Van der Bellen, de los Verdes, indica que hay importantes corrientes políticas en Europa que todavía creen en el orden liberal y en un enfoque democrático de la política. A pesar de los procedimientos cada vez más estrictos impuestos por los gobiernos, y de las potenciales represalias violentas populares en su contra, los refugiados observan esos buenos gestos y continúan poniendo sus esperanzas en una vida más digna en Europa.

Notas[1] Bishara diferencia entre demagogos e ideólogos, ya que los movimientos tradicionales de derecha son elitistas por naturaleza y plantean ideas que a menudo resultan demasiado sofisticadas para que las masas puedan comprenderlas totalmente, mientras que los movimientos derechistas populistas se preocupan menos por las ideas y se centran en cambio en provocar las sensaciones de las masas y atraerse a grupos marginales. Según Bishara, Trump no es un ideólogo de la derecha sino un populista cuyo discurso resulta ser de tendencia derechista.

[2] Estos tres términos aparecieron por vez primera durante la Revolución Francesa de 1789, cuando los miembros de la Asamblea Nacional Francesa se sentaron según sus respectivas posiciones políticas: los monárquicos, que representaban a la nobleza y a la iglesia y que estaban a favor de las políticas conservadoras, se sentaron a la derecha de la silla del presidente; mientras que quienes apoyaban las reformas radicales se sentaron a su izquierda. Después aparecieron nuevos grupos políticos a los que se asignaron nuevas nomenclaturas, como extrema derecha, extrema izquierda y centro-izquierda. Las fuerzas ultranacionalistas se clasifican como de extrema derecha y los partidos comunistas tradicionales como de extrema izquierda. El centro-izquierda se refiere a los partidos socialdemócratas y el centro-derecha a los partidos liberales y conservadores.

[3] En su libro Islamophobia and the Rise of the Far-Right in Europe: A Socio-Cultural Approach, Rabah Zeghouni define la islamofobia como un fenómeno intelectual que está creciendo a toda velocidad en las sociedades europeas y convirtiéndose en una ideología autónoma. Se basa en un punto de vista reduccionista y estereotipado de los musulmanes, especialmente de los que viven en Occidente, como una comunidad de mentalidad cerrada y con escasa educación que cree en valores reaccionarios, violentos y odiosos y rechaza la racionalidad y los derechos humanos.

(Traducido del árabe al inglés por Yaser Azayat)

Lama Rajeh forma parte del grupo de jóvenes escritores de Al-Jumhuriya.  

Fuente: http://aljumhuriya.net/en/al-jumhuriya-fellowship/western-far-right

Esta traducción puede reproducirse libremente a condición de respetar su integridad y mencionar a la autora, a la traductora y a Rebelión.org como fuente de la misma.

https://www.rebelion.org/noticia.php?id=229892

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