galería La cumbre del G20 en Hamburgo: esparcir o revertir la infección zombi

 

 

 

Tras el cónclave de la élite mundial celebrado los días 7 y 8 julio en la segunda ciudad más poblada de Alemania, vale evocar a Bertolt Brecht, cuando en Der Brotladen /La panadería, obra escrita en pleno crack del 29, afirmó : “Entre los gigantes se entabla la lucha/¿Quién pagará los platos rotos?/Seguramente, los gigantes no. /Las víctimas caen entre los que nada tienen que ver.” Las fricciones y los flirteos entre los empresarios y los jefes de estado del G20 siempre afectan el pan disponible en la mesa de las personas comunes, porque dicho grupo representa un espacio en el que los gobiernos de las economías más fuertes del mundo y sus grandes empresas, negocian fuera de la ONU, sin transparencia y sin contrapesos democráticos, muchos ámbitos esenciales de la vida social de todo el planeta, por ejemplo: las reglas de inversión, la construcción de infraestructura, los cánones del mercado laboral, los derechos de las empresas trasnacionales, la migración y la salud global. ¿Qué resultados arrojó la más reciente lucha entre gigantes y como afectarán nuestras vidas? Podemos esbozar algunos rasgosLa reunión delineó un mundo dominados por empresas superpoderosas. El Business20 (706 empresas de 26 países, vg.r. Loreal de París, SIEMENS/GAMESA, BNB Paribas, Microsoft, Nokia) continúa consolidándose como el cerebro que establece los criterios que posteriormente son adoptados en el cónclave de jefes de estado. Los bancos trasnacionales, las sociedades de inversión y los gigantes industriales exigieron a los gobiernos la construcción de un clima de negocios lo que en la práctica implica imponer una jibarización de los derechos laborales, ambientales y sociales, en aras de evitar lo que llaman la sobreregulación estatal. En la última cumbre el B20 consiguió una medida que había promovido desde varias reuniones previas: la creación de asociaciones público-privadas que permitirá beneficiar empresas privadas con el presupuesto público que se les asignará para construir infraestructura pública que a su vez prioriza la circulación del capital. De acuerdo a Nancy Alexander, “Infrastructure, Investment and Publica Private Partnership” (Fundación Heinrich Böhl), la Alianza para la Construcción de Infraestructura para la Conectividad Mundial , aprobada por el G20, representará un enorme subsidio a las empresas privadas mediante tres vías diferentes: i) los gobiernos de los países emergentes deberán pagar por la construcción de infraestructura ii) países centrales darán dinero a sus propias trasnacionales y iii) la carreteras, los oleoductos, etc., ahorrarán costos a las empresa exportadoras. Es decir, se implantará un modelo de socialización de pérdidas y privatización de ganancias.

Jens Martens señala, en el lbro “Corporate influence on the G20”, que en enero de 2017 Francisco González Director Ejecutivo del Banco Bilbao Viscaya Argentaria BBVA habló en nombre del B20 y cuestionó la sobrereglamentación y pidió que se priorizara el crecimiento sobre la estabilidad del sistema financiero. El B20 solicitó, “preocupado” por ayudar a los jóvenes a encontrar trabajo, llamó a una mayor flexibilidad laboral que implica desmantelar las condiciones contractuales para implantar: contratos de tiempo parcial, horario flexible, contratos temporales, estudiantes aprendices, y establecer zonas de inversiones con “condiciones laborales especiales”.

 

 

La cumbre también promovió lo que podríamos denominar la instauración de un necolonialismo colectivo en África. Al hacer su balance de Hamburgo, Christian Lagarde, recordó que el Fondo Monetario Internacional, le exigirá a los países que deseen recibir inversiones, la realización de las “sugeridas” reformas estructurales. Los países centrales del sistema económico mundial acordaron presionar a los países africanos a aceptar una nueva generación de reformas neoliberales, que permitan crear ambientes de inversión, para acomodar los excedentes de capital europeos. La primera camada de inversionistas se apoderará de Costa de Marfil, Etiopía, Ghana, Marruecos, Ruanda, Senegal y Tunes, a partir del control de las energías renovables (de las empresas del G20) y la construcción de infraestructura (para el saqueo de recursos naturales). Todo ello en un contexto en el que el FMI ha reivindicado recientemente la importancia de la condicionalidad de su ayuda. Quien no entregue su soberanía a los tecnócratas del fondo, no será sujeto de crédito.

La reunión ratificó un modelo económico que promueve una Tierra de gigantes (basada en mega empresas), la promoción de hidrocarburos, la oda al libre comercio, la construcción de gigantesca infraestructura y la industrialización de la agricultura, que de acuerdo a Bárbara Unmubig en “El G20 en la encrucijada”, (Fundación Heinrich Böhl) ha despojado recientemente a 500 millones de productores, ha destruido los mercados locales y ha erosionado los suelos con monocultivos.

La protestas contra esa Tierra de gigantes, no se hicieron esperar. Los autónomos venidos de la lucha antinuclear pusieron en jaque a los robocops alemanes con impactantes acciones directas en Shanzenviertel y Altona. Mientras en el espectacular Elbphilharmonie se escuchaba el himno a la alegría, la policía más experimentada de Europa se batía con los manifestantes en las calles. Otra original forma de protesta se desarrolló dos días antes de la cumbre, la tradición del teatro crítico alemán puso en escena el performance “Esclavos del sistema actual”, de acuerdo a la crónica de RT Deutch “ mujeres y hombres vestidos y maquillados de gris, imitando la figura de zombies, marcharon lentamente con actitudes de desesperanza y tristeza por las calles de Hamburgo, planteando lo que significa ser preso de las estructuras socioeconómicas actuales “. Los organizadores afirmaron: “Los cambios no vendrán de los poderosos… La construcción de un mundo solidario depende de nosotros”. Los zombies comenzaron a desprenderse la piel gris, mostraron ropajes de colores y en contrapunto a Gregorio Samsa que se transformó en insecto, recuperaron la alegría de vivir, la dignidad y corrieron a abrazarse unos a otros. La escena más dramática de Der Brotladen ocurre cuando un grupo de voceadores de periódicos intenta impedir el desahucio de una señora que está a punto de ser desalojada de su casa, pero un personaje les dice: “ponte cera en los oídos, no te involucres en problemas ajenos”. Si en la vida real la mayoría de personas escucha esa voz es muy probable que se esparcirá la infección de los muertos vivientes ocasionados por el trabajo precario; si en contrapunto el movimiento social logra cercar al G20 e impulsar una agenda social en diversos foros multilaterales: los zombies podrían recuperar su condición humana.

https://www.rebelion.org/noticia.php?id=229986

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